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¿Por qué hay mujeres que no alcanzan el orgasmo?

¿Por qué hay mujeres que no alcanzan el orgasmo?

Uno de los principales problemas por los que acuden las mujeres a terapia sexológica es por la dificultad de alcanzar el orgasmo, también llamado anorgasmia. Son muchas las mujeres que desconocen qué es lo que tienen que sentir en ese momento o no están seguras de haberlo experimentado alguna vez. En este artículo nos vamos a centrar en los factores que pueden influir para no haber conseguido llegar a ese punto de máxima excitación.

Para empezar, es importante conocer qué es el orgasmo y qué respuestas corporales se desencadenan durante el mismo. Cuando una mujer, llega al orgasmo, se producen una serie de respuestas corporales que nos indican que efectivamente se ha alcanzado el orgasmo: se libera toda la tensión muscular que hemos acumulado durante la relación erótica, la respiración se agita y se producen contracciones rítmicas en la vagina. Algunas personas describen el orgasmo como “una sensación de calor o ardor en los genitales”, otras como “leves estímulos eléctricos o de cosquilleo que se van difuminando por todo el cuerpo”. Muchas personas coinciden en que durante el orgasmo se producen instantes de pérdida de conciencia o sensaciones de mareo intenso. La forma de expresar el placer que se siente durante el orgasmo también difiere en cada caso. Hay personas que expresan el orgasmo con: gemidos, llantos, sacudidas, gritos, risas o con un profundo silencio. Hay muchas mujeres que desconocen si han tenido o no un orgasmo porque no reconocen en sus sensaciones corporales lo que ellas entienden como orgasmo. Sin duda la clave para saber si has llegado al orgasmo, es percibir que tu cuerpo y tu mente, una vez que se termina la relación erótica, están relajados. Es importante destacar que cada persona, cada mujer, tiene una sexualidad única y única será también su forma de expresarse eróticamente.

Uno de los factores que son determinantes para llegar al orgasmo, es recibir una estimulación que sea satisfactoria. Para que así sea, se necesita estimular el clítoris, de forma directa o indirecta. Del clítoris tan sólo vemos el glande (esa bolita con capuchón donde se unen los labios menores) que en estado de excitación, aumenta su tamaño y enrojece. La estimulación directa sería tocar, chupar, lamer, frotar, dar golpecitos al glande del clítoris. También se puede disfrutar con la estimulación indirecta, aquella que se produce en la parte interna del clítoris. Esta estimulación se produce en el momento de la penetración vaginal (con los dedos, el pene, juguetes eróticos…), con el roce de la vulva en alguna superficie (el cuerpo de la pareja, algún juguete, ropa…), etc. El clítoris recoge estas sensaciones como placenteras y manda esa información al cerebro. Hay mujeres que consiguen alcanzar orgasmos sólo con la penetración vaginal pero la mayoría de las mujeres necesitan estimulación adicional. Esto se puede conseguir en determinadas posturas, por ejemplo, si la mujer está arriba durante el coito hay mayor roce del clítoris con el pubis de la pareja a la vez que se produce la penetración.

Es importante recalcar que existen otro tipo de relaciones eróticas a parte del coito, como la masturbación o el sexo oral que la mayoría de mujeres encuentran muy placenteras y con las cuales alcanzan el orgasmo fácilmente. La masturbación tanto individualmente como en pareja es una buena forma de descubrir y conocer nuestro cuerpo, ver dónde nos gusta o saber qué ritmos o tipo de caricias nos hacen disfrutar más. Para eso hay que hacer ejercicios de exploración de nuestra vulva, aceptarla como es y así se generará el deseo de acaraciarla y mimarla. Si esto se consigue, tanto la masturbación compartida como el sexo oral se incluirá dentro del menú erótico. No es tarea fácil para algunas mujeres aceptar sus cuerpos incluyendo sus vulvas. Los mensajes que las mujeres reciben desde pequeñas sobre sus genitales y sus cuerpos socialmente no favorecen: vulvas que huelen mal, labios menores que no pueden sobresalir a los mayores, pechos que no pueden caer, celulitis…. Todas estas exigencias crean en mujeres sanas complejos, que luego llevan a la cama. ¿Las consecuencias? Negar sus cuerpos y su propio placer.

También es necesario saber que para que una relación erótica sea satisfactoria es necesario que la mente esté en “clave erótica”, es decir, que el cerebro sólo esté registrando las sensaciones placenteras y no esté en otros mundos. Si es así lo que ocurre es que el cerebro difícilmente va a erotizarse. Hay mujeres que se convierten en su propia espectadora y sólo dirigen sus pensamientos a juzgar lo que está pasando (la postura que tengo, si estoy lo suficientemente sexy, las arrugas de mi piel, los pelos de mi cuerpo…) entrando en un bucle de pensamientos que bloquean la excitación y por tanto, el disfrute. ¿Y no era ese el objetivo del encuentro erótico?

Por último añadir que otro factor importante que influye en el disfrute de las relaciones eróticas es que muchas mujeres no practican el “egoísmo sano” (decir lo que me gusta y cómo me gusta). Hay mujeres que viven su sexualidad a través de la otra persona, muy preocupadas de dar placer, pero olvidando recibir placer. El rol de género que se desnuda en la cama, sigue cuidando en la cama. Por eso, es importante reflexionar sobre qué papel como mujer estoy jugando en la intimidad.

No se puede decir que es lo mismo relación sexual que coito, tampoco se puede asociar encuentro erótico con orgasmo. Hay veces que el placer conseguido en esas relaciones es muy satisfactorio y no se ha llegado a ese punto de máxima excitación. Sin embargo, no haber experimentado un orgasmo puede generar malestar, frustración, baja autoestima, conductas de evitación, problemas de pareja,… y es en estos casos, donde se recomienda acudir a terapia sexológica.

La finalidad de la sexualidad es hacernos felices. Gracias a la sexualidad expresamos afectos, emociones y deseos y usando el cuerpo como medio. Por eso, es importante conocerse y aceptarse como cada una es. Hemos visto que la sociedad a las mujeres no lo ha puesto fácil y que son muchos los factores que pueden inhibir la excitación y por tanto, el orgasmo. Tú decides el camino, ¿te atreves a sentir placer? 

NÚRIA CANO CANO. SEXÓLOGA