Los bloqueos en la sexualidad. Causas y abordaje

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En nuestra consulta de sexología en Madrid, con frecuencia escuchamos comentarios similares a los siguientes:

“No logro relajarme en el sexo”

“Todo va bien y de repente siento que me bloqueo”

“Todo lo que rodea a la sexualidad me produce un bloqueo”

“Me siento atascada/o en lo referente al sexo”

 

Las quejas por “bloqueos sexuales”, en hombres, mujeres, o personas de cualquier identidad sexual, están a la orden del día, por lo que dedicaremos el presente post a hablar sobre dichos bloqueos, cómo se viven, y alguna de las causas frecuentes.

En primer lugar, cabría reflexionar sobre que en la sexualidad la capacidad para dejarse llevar es algo esencial. Dejarse llevar, poder abandonarse a las sensaciones, es fundamental para sentir placer y poder disfrutar. Y para poder dejarse llevar y abandonarse, la persona debe sentirse relajada y segura.

La sensación de estar en un espacio seguro, y de sentir seguridad (en relación a la persona con la que estamos, y lo que estamos haciendo o vamos a hacer…) es esencial para relajarnos, dejarnos llevar y poder gozar en nuestros encuentros eróticos.

Si se nos activa el modo “respuesta ante un peligro” (modo supervivencia), no podremos entrar en el modo “conexión”, en el modo “abandono”, y el disfrute se nos hará esquivo o imposible.

 

Sistema nervioso autónomo: rama simpática y parasimpática.

El disfrute de nuestra sexualidad implica que la rama simpática de nuestro sistema nervioso autónomo (aquella que nos prepara para una respuesta de alerta, de lucha, o de huida, en definitiva, aquella que se activa ante posibles peligros), está desactivada. Y que, por el contrario, la rama parasimpática de nuestro sistema nervioso autónomo (aquella que regula funciones que tienen que ver con la relajación, con la tranquilidad, como dormir, la digestión, y la sexualidad), está activa.

Es cierto que, en los momentos de mucha excitación o próximos al orgasmo, a veces se requiere un punto de activación del simpático. Pero en general, para que la sexualidad se viva de forma agradable y gozosa, el parasimpático debe reinar y el simpático mantenerse mayormente inactivo.

Y es bastante frecuente encontrar que el simpático se activa en exceso (algo que las personas frecuentemente describen como “bloqueo”) ante situaciones que tienen que ver con la sexualidad, debido a eventos del pasado que resultaron de alguna forma traumáticos.

 

Cómo las situaciones traumáticas pueden bloquear la sexualidad.

Por definición, se entiende que un trauma implica que la persona se ha visto expuesta a un suceso en el que ha peligrado la supervivencia. Pero también son situaciones traumáticas aquellas que, sin suponer un peligro para la supervivencia, sí han supuesto un peligro o una amenaza, o bien a la integridad o la seguridad física (accidente, agresión, intento de agresión, amenazas de agresión…), o la integridad o seguridad psicológica (humillación, falta de cuidados, desatención, agresiones psicológicas, desprecios…).

(Si quieres saber más sobre la relación entre trauma y sexualidad, puedes visitar un post anterior dedicado a esta cuestión)

Es importante tener en cuenta que un mismo suceso puede dejar una huella traumática muy distinta en distintas personas. Lo importante no es el evento en sí, sino cómo lo vive cada persona, qué recursos tiene para afrontarlo, y cuál es su historia pasada.

Si una persona se ha visto expuesta a una situación traumática, es posible que en el futuro ciertos eventos negativos puedan impactarle más y constituir un nuevo trauma que se acumula con el anterior, y que a su vez aumenta su vulnerabilidad ante situaciones futuras.

Estas situaciones traumáticas pueden haberse producido una vez en la vida de la persona, o pueden haberse repetido muchas veces durante un periodo de tiempo determinado (algo común en los traumas de apego no seguro).

Por definición, si un suceso ha dejado una huella traumática, supone que nuestros recursos de afrontamiento se vieron desbordados. Esto suele producirse o bien porque el suceso se produjo en edad muy temprana, donde nuestro cerebro aún se está desarrollando y disponemos de menos recursos de regulación emocional o afrontamiento, o bien por que fue muy rápido y/o muy intenso. O bien, por todo ello a la vez.

Una situación que se ha vivido como traumática deja un impacto que, a veces, no somos capaces de superar y perdura en el tiempo. El impacto queda grabado en nuestro cerebro, influye en nuestros sentimientos, nuestros pensamientos e incluso en nuestras sensaciones físicas. Influye en nuestra forma de relacionarnos con el mundo y/o con las otras personas. Influye en nuestras creencias sobre nosotres mismes (“no valgo”, “no soy suficiente” “no me querrán”, “no puede hacer nada”…).

En el caso concreto de nuestra sexualidad, los traumas no resueltos pueden producir que la rama simpática de nuestro sistema nervioso autónomo (la rama de la alerta y la respuesta al peligro) se active ante situaciones donde deberíamos estar sintiendo tranquilidad y relajación, por ejemplo, en un intercambio de caricias, a la hora de mantener un encuentro sexual, con una determinada práctica erótica, con la intimidad emocional, con la cercanía o con el contacto físico… o con la mera posibilidad de todo lo anterior.

En esta situación, la persona tendrá muy difícil eso que las sexólogas mencionamos tanto: la capacidad de sentir abandono en una situación, relajación, dejarse llevar, estar abiertas/os al placer… la persona tendrá difícil el estar presente, el sentir que está aquí y ahora.

Puede sentirse desconectada de la situación, o estar alerta, hipervigilante. Puede irse al pasado, o sentir que su cabeza se despista en pensamientos inapropiados o que la distraen de la relación sexual o el contacto físico.

La persona puede sentirse desbordada por emociones negativas, o incluso respuestas físicas negativas (“me siento muy incómoda”, “me dan ganas de marcharme”, “siento que me pongo muy angustiado o nervioso de repente”…). O por el contrario, sentirse como anestesiada, como apagada (“siento como si mi cuerpo fuese de corcho”, “me tocan y no noto nada, no tengo placer” “siento como si no fuera yo quien está ahí, como si no fuera conmigo…”). Incluso algunas personas manifiestan sentirse paralizadas, tensas, rígidas.

El ya conocido “rol del espectador” hace referencia, precisamente, a esta sensación de estar apagado, sentir que se “sale” de la relación sexual (como participante), y se pasa a adoptar un rol de “observador”, como viendo todo desde fuera, como si no nos sucediera del todo a nosotres y fuésemos “en automático”.

Es posible, incluso, que la persona en un mismo encuentro erótico, pase de un estado de hiperactivación (“me siento desbordada”) a hipoactivación (“siento que me desconecto”).

 

Cuando nuestro sistema nervioso no está regulado en un encuentro erótico, nuestras respuestas por tanto pueden ser tanto físicas (respuestas de alerta, de huida, de parálisis…) como cognitivas, con pensamientos negativos como: “saldrá mal”, “hay algo malo en mí”, “me rechazarán”, “no estoy segura”, “fallaré”…

En un encuentro erótico, sean cuales sean las prácticas que se realicen, el estado ideal es un estado de relajación, de tranquilidad, de cierta activación pero desde la calma y la seguridad, sintiendo que estamos presentes, con flexibilidad y apertura mental, que sentimos el cuerpo y somos actores del encuentro.

Si la persona siente que los bloqueos le impiden vivir de forma satisfactoria su sexualidad, que no puede relajarse y que se angustia o paraliza, se hace imprescindible analizar bien la historia pasada de la persona con la sexualidad, por parte de sexólogas y/o psicólogas cualificadas.

Y también a veces hay que ir más allá, ya que hay otros sucesos que pueden tener impacto en la vida sexual y que aparentemente no tienen que ver con la sexualidad en sí (experiencias de rechazo o abandono, situaciones donde la persona no se ha sentido segura, experiencias con vínculos anteriores, estilo de apego…).

Una vez que se tiene una historia detallada, se podrá intervenir, con herramientas de la sexología pero a veces también con herramientas de la psicología (trauma, EMDR, apego…), para ayudar a la persona a recuperar una buena relación con su sexualidad y una vivencia satisfactoria de sus vínculos afectivos y/o amorosos.

Lo que está claro a día de hoy es que, por fortuna, la mayoría de los “bloqueos” a nivel sexual, de pareja o relacional, pueden superarse con un apoyo profesional, cercano y personalizado.

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