Asertividad sexual ¿Por qué no hablamos de sexo?

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¿Sabes qué es la asertividad sexual? Es lo que estás pensando, es ser asertiva en el ámbito sexual. Esto incluye una serie de comportamientos que ahora veremos. La asertividad a nivel psicológico se considera parte de las habilidades sociales de comunicación. Sería el término medio entre la pasividad (no comunicar o no pedir) y la agresividad (decir las cosas de malas maneras). Se trata de poder expresar lo que necesitamos, sentimos o deseamos de forma clara y no agresiva, sin invadir ni señalar a la otra persona.

Y la asertividad sexual es la capacidad de comunicar nuestras necesidades y deseos nivel sexual. Esto incluye iniciar o proponer contactos sexuales cuando nos apetece y ser capaces de hablar de qué cosas nos gustan, tanto antes como durante o después de una relación sexual. También es poder decir que no, si no queremos tener relaciones sexuales, o si algo no nos gusta o no nos apetece en el momento. Todo esto supone, además, la negociación del uso de métodos anticonceptivos o de barrera para evitar infecciones de transmisión genital.

La asertividad sexual que tengamos depende mucho de la educación sexual que hayamos recibido. Y aquí la parte mala es que la mayoría de las personas hemos tenido una escasa educación sexual. Se habla mucho de la pornografía como fuente de educación sexual. Como nadie nos cuenta de qué va la cosa, muchos adolescentes pueden tomar como referencia la pornografía, que no es una representación fiable de las relaciones sexuales por muchos motivos. Pero, además de la pornografía, existen otras influencias. Por ejemplo, a menudo no se reflexiona sobre la posible influencia de las películas que vemos en la televisión o en el cine, desde que somos peques. Y resulta que la representación de las relaciones sexuales en películas y series se aleja muchísimo también de la vida real. Y este tipo de interacciones irreales se quedan en el fondo de nuestro imaginario como “lo que debería ser” una relación sexual.

Esto tiene varias consecuencias. Por un lado, puede que vayamos a las relaciones sexuales intentando reproducir (o esperando que nuestra pareja reproduzca) lo que vemos en la pornografía o en las películas de Hollywood. Te adelanto que la cosa no suele salir bien. Las relaciones reales no son tan glamurosas como nos muestran las pelis y es muy probable que a tu pareja no le guste que le tires del pelo o le escupas sin consentimiento previo como pasa en la pornografía. Otra cuestión que viene dada porque nuestra educación sexual se base principalmente en pelis y series es que pensamos que en las relaciones sexuales tiene que ser todo súper espontáneo, “natural” y fluido. Y cuando esto no es así, que es muchas veces, sobre todo al principio de la relación cuando no conocemos a la otra persona, nos frustramos. Pero si la cosa no sale bien, no solemos hablar mucho de ello porque tiene que ser como en las pelis. Y en las pelis no se habla de estas cosas.

En las películas los personajes se entienden maravillosamente sin mediar palabra. Casi por telepatía. Y siempre vemos el mismo tipo de escenas, con lo que el mensaje que nos llega es que “eso es lo que se hace” y que a todas las personas nos tiene que gustar lo mismo. Es decir, dos besos apasionados y penetración inmediata sin mucho más. Pero los cuerpos, especialmente los cuerpos con vagina, necesitan cierta preparación para poder recibir una penetración y que esta sea placentera. Se necesita tiempo y estimulación de otras partes del cuerpo de forma previa para que pueda haber excitación y que la vagina dilate, ensanche, lubrique…

Si nos quedamos con esta visión cinematográfica de las relaciones sexuales es muy probable que intentemos reproducir una y otra vez cosas que no resultan satisfactorias, al menos para alguna de las partes. Por esto que decíamos de que todo tiene que ser “natural” (sea lo que sea eso) y fluido. La otra persona tiene que saber por telepatía qué es lo que nos gusta y qué necesitamos para excitarnos y disfrutar. Pero aquí ni la experiencia previa con otras personas nos sirve, porque las personas somos muy diversas, con gustos diferentes a los de cualquier otra. Y podemos plantarnos en una relación de no sé cuántos años sin haber hablado nunca con nuestra pareja de qué es lo que nos gusta en el sexo y qué no. Algo podemos conocernos mediante ensayo-error y hay algunas parejas que se entienden de maravilla sin haber hablado demasiado de ello. Pero no suele ser lo habitual y la mejor manera de entenderse es hablando. Así que incluso en estas parejas que se conocen tan bien, hablar siempre puede aportar algún matiz o detalle que estaba pasando desapercibido para la otra persona.

Vivimos en una sociedad en la que durante mucho tiempo el sexo ha sido un constante “de eso no se habla”. Cada vez menos, pero todavía arrastramos esta concepción hasta el punto de que hay parejas que llevan toda la vida juntas pero a las que les da vergüenza poder hablar de estos temas mientras toman un café. Resulta muy importante poder hablar de ello sin tapujos, tanto antes, como durante y después de las relaciones. Hablarlo antes puede dar pistas a nuestra pareja sobre cuáles son nuestros gustos, deseos y necesidades. Hablar durante es muy útil a la hora de dar indicaciones sobre si nos está gustando o si se podría hacer algo para que la cosa fuera mejor aún. Y hablar después nos sirve para compartir qué cosas nos han gustado para poder repetirlas y cuáles mejor descartar para siguientes ocasiones.

En definitiva, cada persona es un mundo y la mejor manera de saber qué le gusta a nuestra pareja es preguntando y generando espacios de comunicación abierta para poder experimentar todo lo que queramos y tener unas relaciones sexuales más satisfactorias.

Imagen de Renate Vanaga para Unsplash

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